No existe duración perfecta, pero sí márgenes que favorecen neuroplasticidad y descanso profundo. Entre ocho y doce semanas permiten salir del piloto automático. Diseña ritmo con días lentos, tareas concretas y pausas corporales. Comparte intenciones por escrito para recibir apoyo real y expectativas sostenibles.
Apagar notificaciones no basta si la culpa persiste. Establece ventanas breves para trámites, comunica ausencias con claridad y delega. En comunidad, otros recuerdan parar. Practicar compasión digital significa cuidar ojos, postura y atención, para que la mente recupere silencio operativo y presencia gozosa.
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